Hasta aquí hemos llegado – por Gabriel Albiac

Publicado en “La Razón” el 11 de abril de 2008:

 


Para elegir entre Gallardón y Zapatero, hubiera yo tenido que estar mal, muy mal, de la cabeza. Por fortuna, no fue el caso en estas últimas elecciones. No lo ha sido, hasta ahora. Si algún día -bastante verosímil, tal como anda el patio no socialista- viene a serlo, sabría llegado el día del adiós hermético a esta cosa política española que ya, tal como está, me tira poderosamente atrás con su insufrible pestilencia y su infantil retórica.

Voté, hace un mes, y estoy seguro de que igual lo hicieron unos cuantos o muchos, con esta resignación asqueada. No me engañaba sobre lo escasamente práctico del esfuerzo: soy demasiado viejo para tomarme con eficacia el pelo a mí mismo. Los amigos -o los no tanto-, que me hicieron saber su desacuerdo o su disgusto por mi pragmática apuesta, argumentaban bien. También yo.

Primaba en ellos el carácter político del sistema español, más que de partidos, de castas. Nada que yo ignorase, desde luego: mi libro «Contra los políticos» es la vivisección de eso. Voté, sin embargo. Como ejercicio de desganada legítima defensa. También, con algo de eso a lo cual los científicos llaman un «experimento crítico». El resultado de tal experimento es hoy ya -¿alguien puede dudarlo?- inequívoco: Rajoy y Zapatero son lo mismo. Con matices. Por supuesto. Nada se individúa sin matices. Ni nadie. Pero lo mismo: en lo esencial, profesionales de un Estado que parasita a los ciudadanos y desprecia sus voluntades. Y sus votos. Los intereses internos a la casta política pesan incomparablemente más que sus muy anecdóticas diferencias de partido. Nada se parece más a un político que un político. De nada se diferencia con más enojo que de un ciudadano. Unos cobran, otros pagan, pagamos. Lo demás es un chiste. De miembro de la casta a miembro de la casta, pactará ahora Rajoy con Zapatero. Gallardón no necesita ni que decirlo. En el fondo -¿a qué negarlo?-, no puedo sino agradecérselo. A los unos como a los otros. A la casta en todos sus matizados especímenes. Me exime de la tediosa faena de salir de la cama una mañana cualquiera de domingo para ir a depositar mi sumisión dentro de un sobre en una urna. Y, ya a mis años, perder lo menos posible mi contado tiempo es lo único que de verdad me va importando.

Hasta aquí hemos llegado, caballeros. No se preocupen; les seguiré pagando. ¿A ver qué otra alternativa me queda? Pero, en la urna, lo que es a mí, ustedes ya no me pillan. Ni una vez más. Verán, no es que sea una cuestión política: demasiado solemne, para mi edad y humor, esa cosa tan resonante a la cual ustedes llaman política. Es algo tan poquísimo importante como esto: miren, es que para elegir entre Ruiz-Gallardó n y Rodríguez Zapatero tendría yo, ciertamente, que andar mal, francamente mal, de la cabeza. Puede que acabe por suceder un día: nadie puede fiarse de la crueldad del tiempo, que a todos acaba por darnos caza algún mal día y hacer papilla de nuestras neuronas. De momento, sin embargo, mi incipiente senilidad no ha llegado a ese punto. Y puedo darme el gustazo de prescindir de ustedes. Caballeros, hasta aquí hemos llegado.

 

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6 pensamientos en “Hasta aquí hemos llegado – por Gabriel Albiac

  1. anghara Autor de la entrada

    Hasta ahora no veo grandes diferencias entre uno y otro. Es mi opinión.

    Yo creo que la batalla está entre las “dos almas” del PP y no sé cuál ganará.

    No es por “no mojarme” (que ya lo hago día tras día en el blog). Es, porque, sinceramente, a mí me da igual que sea Aguirre o Rajoy, Rajoy o Aguirre. Lo que me importa es el proyecto.

  2. Pingback: Pizarro se va. Y yo, y yo. « Es la libertad de expresión, idiotas

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