La rendición como estrategia – Alejandro Muñoz Alonso

Vía El Imparcial

La rendición como estrategia

Alejandro Muñoz-Alonso

El desenlace del secuestro del “Playa de Bakio” por piratas somalíes o similares, que habrían podido ser detenidos por la intervención de la “Méndez Núñez” sin ningún riesgo para la tripulación del atunero, es un nuevo caso de rendición ante el enemigo. Nada extraño en este Gobierno que hace cuatro años se estrenó con la retirada-huida de Irak, en un intento de ganarse la condescendencia de los terroristas, aunque fuera a costa de arrastrar por los suelos la dignidad de España. ¡Hasta dónde ha caído esta España que hace ahora precisamente dos siglos le plantó cara al amo de Europa, al tiempo que aquilataba su conciencia nacional y su amor por la libertad! Aunque, entonces como ahora, han sido los gobernantes quienes se han prestado a la rendición. En 1808, mientras reyes y ministros se plegaban a las ambiciones de Bonaparte, fue el pueblo el que se echó a la calle contra el invasor. Los Zapateros de entonces corrieron despavoridos a Bayona para ganarse la indulgencia de Napoleón que, por cierto, “miroles de soslayo”, sin hacerles el menor caso y prosiguió adelante con sus planes de apoderarse de España para regalársela a su hermano Pepe. Ahora sigue la costumbre de regalar trozos de la soberanía española a los socios territoriales: no importa que se vacíe el Estado con tal de seguir controlando lo poco que vaya quedando de él.

Ya están muy lejos los tiempos en que se logró acabar con la piratería, bien colgando de las entenas de los veleros a los piratas capturados o, como hacían los ingleses, atándoles a un pilar de los puentes del Támesis, hasta que el flujo y reflujo de la marea pasaba tres veces sobre los cuerpos. Ahora no hace falta llegar tan lejos. Basta detenerles y someterles a los tribunales como han hecho los franceses con los secuestradores del Ponant. Sarkozy no ha tenido que organizar una operación como la que los israelíes montaron en 1976 para liberar a los 258 pasajeros de un avión secuestrado por terroristas palestinos y que había aterrizado en Entebbe (Uganda). Murieron siete terroristas, tres rehenes (de los 103 que quedaban tras la previa liberación de los demás) y un soldado israelí. Pero el Consejo de Seguridad no encontró motivos para condenar la operación que también fue avalada por diversos internacionalistas. Dicen los textos que la moral israelí salió reforzada del incidente: justo lo contrario de lo que le ha ocurrido a la moral y al prestigio españoles, especialmente al de los militares y, todavía más, a los marinos del “Méndez Núñez”, obligados por una “orden expresa” a contemplar, sin intervenir, cómo los piratas huían con su botín.

¿Por qué no se intervino? ¿Quizás para mantener la palabra dada a los piratas? No deja de tener miga que este Gobierno que miente siempre que le conviene, que se dice y se desdice sin el menor empacho, que incumple sus promesas y se hace el ciego ante las más evidentes realidades, se vuelva tan puntilloso para no faltar a los “compromisos negociados” con delincuentes. Aún al precio del prestigio y de los intereses de España y en una nueva vuelta de tuerca en el proceso de desnaturalización de las Fuerzas Armadas. Este incidente era “un caso de libro” para la intervención de las FAS. Unas FAS que este Gobierno está sometiendo a un patente proceso de desmilitarización, hasta hacer de ellas una benévola ONG. Bien está que se pida una acción internacional de la UE o de la OTAN para acabar con la piratería, que ha vuelto a convertirse en una seria amenaza: Durante 2007, los piratas apresaron, hirieron o mataron a 433 tripulantes de barcos civiles y en los últimos diez años 3.200 marineros han sido secuestrados, 500 heridos y 160 asesinados, según datos del International Maritime Bureau. Pero hasta que se organice, si se organiza, la acción internacional, un Estado está obligado a defender a sus nacionales, sin negociar con delincuentes ni ceder a su chantaje.

Claro que Zapatero no está solo en esta conducta derrotista. En el Reino Unido hay montado un escándalo porque el Gobierno laborista de Brown -que, por cierto, acaba de recibir un contundente varapalo en las urnas- ha emitido una directiva ordenando a la Royal Navy que no detenga a ningún pirata. Razones: si llegan al Reino Unido podrían pedir asilo político y si son devueltos a Somalia podían ponerse en peligro… sus derechos humanos. ¡Si Nelson levantara la cabeza!

 

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