EL TC abre la puerta a los delitos de autor

El Tribunal político presuntamente constitucional avala penas más altas a hombres que a mujeres en casos de malos tratos.

Es decir, que se carga la igualdad ante la ley y establece los delitos de autor.

Esto no se veía desde la Alemania nazi, donde la pena era distinta en función de si su autor era judío o no.



 

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17 pensamientos en “EL TC abre la puerta a los delitos de autor

  1. Elentir

    Al cuerno la igualdad ante la ley y, con ella, una de las bases de nuestra democracia. El TC es una auténtica vergüenza.

  2. Clandestino

    El Tribunal ‘Anticonstitucional’, como la oposición y el resto de instituciones solo sirve y da cancha al caudillo ZP, contra los derechos de la nación en una democracia inexistente, a pesar de desearla y pagarla y a pesar lo que diga o crea el bueno de Elentir.

    En ninguna democracia del mundo, por mala que esta sea, la nación se paga un estado para que la explote y someta, mientras sirve a sus verdugos y expoliadores.

    Digan lo que digan estos vasallos, su decisión solo es un inaceptable ultraje a la Constitución y al inalienable principio de igualdad. Mientras tanto Rajoy sigue pasando totalmente de los atropellos del caudillo, importándole los derechos y libertades del conjunto ciudadano, exactamente lo mismo que a ZP y a sus secuaces, en lugar de estar preparando el correspondiente recurso de inconstitucionalidad y de violación de un derecho fundamental, junto a la agresión de otros derechos, delitos y violaciones constitucionales, como el de alta traición contra la nación y contra el estado, en los tribunales europeos que correspondan, contra ZP y sus gobiernos y contra el Jefe del Estado.

  3. ProfesorM

    Muy buenas a todos:

    Lo primero de todo. Error en el léxico. El Tribunal Prostitucional (porque eso es) se ha convertido en el control último que sobre los jueces se estableció en nuestra Constitución a través del famoso recurso de amparo (los Albertos es el último de los ejemplos). Al margen de ello, ya nada me sorprende.

    Un día, cuando tenga tiempo, hablaremos de los “piques” entre el Tribunal Prostitucional y el Tribunal Supremo… y de lo cerca que estuvimos de ver como algunos magistrados del Prostitucional acababan en la carcel.

    Pero eso es otra historia…

    Un saludo a todos

  4. Clandestino

    Profesor M

    Una pregunta profesional, aprovechando su oficio de jurista. Ya me dirá algo sobre la minuta.

    Una vez demostrada la inexistencia total de garantías constitucionales, ya que el mangoneo político y tradicional sobre el T.C., es definitivamente de conocimiento público, al igual que la tradicional renuncia u omisión del Jefe del Estado, sobre las mismas garantías constitucionales, además del conocido mangoneo sobre el CGPJ ¿Podemos pasar de las fundadas sospechas, a la total seguridad, de que no tendremos democracia real (cierta) a corto-medio plazo y que el estado continuará regido y las leyes diseñadas y promulgadas, según la imposición y la exclusiva voluntad del caudillo de turno, por tiempo indefinido?

    Gracias

    Un saludo

  5. ProfesorM

    Muy buenas a todos:

    Sin perjuicio de otras consideraciones teoricas, desde que el CGPJ se nombra por cuotas partidarias tras la reforma de 1985, en España no existe democracia.

    Porque como decía el clásico, sin división de poderes no hay democracia. El resto de defectos, aun siendo graves (sistema electoral proporcional, partitocracia, descontrolada descentralización competencial) son minucias al lado de lo anterior.

    La minuta: un par de cañas.

    Un saludo a todos

  6. Clandestino

    Muy amable Profesor M. Gracias

    La minuta se me hace muy poco, según está la inflación, pero aprovechando, que es económico y su buena predisposición, abusaré de ello con unas preguntas más, que creo de interés general.

    Cuando no hay democracia, ninguna institución garantiza ningún derecho, puesto que la legalidad mana de la voluntad del caudillo de turno, haciendo difícil o imposible la justicia que ampare el derecho. En principio el problema es político, pero también lo fue el asunto de las bodas gays, que amenazaron a los jueces con el despido. Pero en este caso se pueden ver en una encerrona, por la posibilidad de incurrir en prevaricación. El juez ha de impartir justicia, no obedecer al amo. ¿En qué lugar quedan los jueces, al verse obligados aplicar leyes contra derechos fundamentales, como puede ser este caso del artículo 153.1 del Código Penal, entre otros? ¿Incurren en delito de prevaricación? ¿Pueden acatar y aplicar leyes que les impiden impartir justicia? ¿Pueden hacer justicia violando el derecho, sabiendo que lo hacen? ¿Pueden negarse a aplicarla tal cual? ¿La pueden derogar o corregir sentando jurisprudencias, o asimilándolas a otras? ¿O tendrán que declararse en huelga por tiempo indefinido, antes de dimitir en masa?

    En caso de que su aplicación pueda ser imputable por delito de prevaricación ¿Se podrían recurrir las sentencias en tribunales internacionales independientes e imparciales, cuya legalidad respete el principio de igualdad?

    No soy jurista, pero me temo que tanto a los imputados como a los jueces, les cae un marrón regular.

    PD. Acepto la minuta, aunque ahora habrá que acompañarla de unos buenos pinchos. Gracias de nuevo.

  7. Clandestino

    Anghara, esto de ‘delitos de autor’ quiere decir que la SGAE podrá cobrar por el ‘copyright’, a los imputados?

  8. ProfesorM

    Muy buenas a todos:

    Clandestino, te voy a pedir una nueva provisión de fondos por las consultas (je, je, je…).

    Los jueces no imparten justicia. Los jueces aplican la ley vigente y que sea aplicable al caso. Lo que pueden hacer, si entiende que la ley es contraria a la Constitución, pueden plantear la denominada cuestión de inconstitucionalidad ante el Tribunal Prostitucional. Pero si el Tribunal Prostitucional lo controlan los políticos porque eligen a sus magistrados… ya te puedes imaginar el resto.

    Fuera de eso, los jueces no pueden hacer nada. Y respecto a los Tribunales Internacionales, mejor no hablar porque hay de todo.

    Un saludo a todos

  9. Clandestino

    “Los jueces no imparten justicia”.

    Supongo que esto solo se explica debido a la situación que obliga la concentración de poderes en esta oligarquía que ocupa el Gobierno.

    Según el DRAE, juzgar es: “Deliberar acerca de la culpabilidad de alguien, o de la razón que le asiste en un asunto, y sentenciar lo procedente”.

    En un estado de derecho, la ley es una servidumbre de la justicia y esta a su vez, lo es del derecho. Es decir, lo fundamental para la justicia es el derecho, no la ley, que solo debe ser uno de los caminos para llegar a ella. Ningún juez medianamente sensato puede aplicar una ley criminal, contra derecho, que impida la justicia, puesto que se condena a un inocente, que quedaría legitimado para tomarsela por su mano. Cuando la ley política elude la misión que la justifica, solo es un vulgar instrumento de represión, contra algún derecho. Cuando los jueces se limitan a aplicarla, se alinean con el crimen del estado, como sus cómplices directos.

    No veo diferencia entre un juez que aplique la ley del amo, enajenándose de la justicia, y un sicario que ejecute las órdenes del mismo amo, y que le importa un bledo la justicia. Simplemente serían distintos procedimientos para un mismo fin: violar o reprimir el derecho. Nos podíamos ahorrar la costosa parafernalia de simular justicia y que cada palo aguante su vela, descubriendo el mundo de la convivencia en la selva, con la única ley del más fuerte. Es más probable que en este medio, la justicia tuviera más oportunidades que en la que en la ‘democracia’ de Zp.

    Lo ampliaré en un post. Entiendo lo de la ‘provisión de fondos’.

    Gracias Profesor M. Saludos

  10. anghara Autor de la entrada

    Yo creo que precisamente ese debate de los jueces se tienen que atener a la ley es el de “vencedores o vencidos”.

  11. Clandestino

    Claramente Anghara. El caso Feldestein (según sonido), es una clara confesión del jue Herms Jannys (también sonido) en un acto de contricción por un alma recarcomida por los remordimientos, al ser autor de una sentencia criminal, totalmente ajena a la justicia y a sabiendas que se violaba el derecho fundamental de la vida de un inocente, solo porque le interesaba a un puñado de gentuza del poder.

    Pasó de juez a vulgar sicario, pero su carga moral, que en un principio desdeñó, no lo resistió hasta obligarle a confesar su crimen, para liberarse de sus remordimientos. En la historia real, es de suponer que habría algún caso más como este, pero la gran mayoría ni sintió esa llamada de su conciencia. En este caso español, solo dieciséis jueces de los varios cientos que instruyen este tipo de delitos, han observado inconstitucionalidad. El resto aplica la ley y punto. Seguro que duermen a pierna suelta, en la satisfación del deber cumplido.

    Todo sería aceptable si solo fuera una ley o norma, pero ya son demasiadas. Ya es un clamoroso crimen contra la justicia y el derecho, desde un estado obligado a garantizarlo. Espero que algún día todos estos jueces y politiquillos criminales, pasen por su Nüremberg particular.

    He visto el video varias veces y me lo he bajado. Son unos minutos de una auténtica obra de arte, dentro del arte cinematográfico, como es esta película con un reparto de lujo llevados magníficamente por Stanley Kramer. A la magnífica actuación de Burt Lancaster, Spencer Tracy, Richard Widmark, Marlene Dietrich, Montgomery Clift, Judy Garland, etc., hay que sumar el guión, realización, coreografía y excelente direccion además de esa impecable fotografía, solo posible en blanco y negro, para endurecer y dar dramatismo a la historia que narra y especialmente a esta escena. Auténtico caudal de arte y profesionalidad del que ya solo disfrutaremos buceando en este cine clásico, al que cada vez que deseo disfrutar del cine, recurro más. Especialmente, como en este caso, al que a su alto valor cinematográfico, se le suma su valor como documental histórico y casi didáctico, ya que como podemos comprobar la historia es terca y se empeña en repetirse, o nos empeñamos en repetirla.

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