Y ya que estamos…

Rodríguez Braun en La Razón (como aperitivo, sea como sea, lo mejor):

Una nueva prueba de la destreza propagandística y mendaz de los socialistas es su análisis de la crisis del PP en términos de duros y blandos. Todo el mundo asume la distinción y el diagnóstico: los duros son malos y los blandos son buenos. Dice Thomas Sowell que las palabras indefinidas tienen un poder especial en la política, particularmente cuando invocan alguna noción que atrae la emoción popular. Nadie maneja esto mejor que la izquierda, porque ha transmitido la idea de que es ella la que determina el contenido y el contorno propios de la justicia, la solidaridad, la cohesión, la igualdad. Así, si uno tiene una idea diferente de lo que los socialistas creen que es la justicia, si uno piensa, con toda razón y lógica, por ejemplo, que la justicia no exige al Gobierno quebrantar la propiedad privada de sus súbditos, uno termina sospechando que hay algo malo, no en las ideas socialistas, sino en las propias. Lo mismo sucede con la división entre duros y blandos, porque para el pensamiento único «dureza» significa valores, principios y estrategias que sin ninguna duda son deplorables porque no coinciden con los que en cada momento esgrime y emprende la izquierda. Si, para colmo de desgracias, esos valores, principios y estrategias son defendidos con vehemencia, y logran descubrir algunas de las debilidades de los mensajes de la izquierda, el alejamiento de la virtud y la aproximación al vicio son aún más patentes. Dirá usted: esto es un disparate, y lo es, pero es la regla de la política. Por eso la derecha llena folios y folios de ponencias en donde no hallará usted una idea clara, porque si algo parece demasiado liberal, inmediatamente será compensado con esta cosa del centro, y si aún parece liberal, será neutralizado con aquella otra cosa del reformismo. Porque hay que ser blando, como Smiley, que convence porque vence, aunque mienta, aunque no llame a la crisis crisis ni al trasvase trasvase, y aunque tenga toda la intención de cumplir el célebre apotegma de Alfonso Guerra sobre una España a la que no reconocerá ni la madre que la parió.

 

César Alonso de los Ríos (ABC) (vaya cabreo)

Quizá por ser tan fuertes estas contradicciones, Rajoy está cometiendo el gravísimo error de actuar sin explicar su proyecto. El resultado es escandalosamente antidemocrático. Cambia dirigentes sin justificarlo. Por este modo de proceder se deduce que considera responsables de la derrota del 9 de marzo a todos menos a sí mismo. Tampoco explica cuál es la imagen de partido que preferiría. ¿Más moderno, más amable, más de centro, menos españolista, laicista? Lo único que queda claro es la arbitrariedad y el crecimiento del desconcierto y del descontento de militantes y votantes. La realidad es que el nombrado a dedo por su predecesor sigue decidiendo de un modo dictatorial. Al no justificar sus decisiones aparece como un ser caprichoso hasta por el ritmo de los nombramientos. Ha organizado un Congreso tan dependiente de las voluntades oficiales que ni siquiera quieren presentar sus candidaturas personalidades como Aguirre, Jaime Mayor o Rato. Sobrecogen su naturalidad autoritaria y su amor por la doblez. Cree en la doblez como método. En el caso de María San Gil pensó que ella se contentaría con la letra de la ponencia y que de este modo quedaría comprometida, presa. Una España en el texto y otra en la práctica. Pero María los caló bien. A Mariano y a sus consejeros

 

 Martín Beaumont en El Semanal Digital (analiza la guerra que ha estallado)

Las camarillas profesionales de políticos no reparan en medios para “fusilar al amanecer” a quien ponga en cuestión su plaza. La guerra civil del PP ha estallado. Crueles, sin casi distintivos reconocibles, los ejércitos están desplegados. El problema, estando así las cosas de confusas, es adónde alistarse. El congreso de junio está lejos todavía, pero, por desgracia para la familia popular, se trata simplemente de una batalla más.

Román Cendoya en El Imparcial (con San Gil)

La ponencia política del PP copia la actuación y esquema que sigue Rodríguez. Tibio, acomodaticio y claudicante. Un ejemplo. El presidente Rodríguez ha dicho este domingo, en la Fiesta de la Rosa, que va a trasladar al Lehendakari Ibarretxe que “los vascos no quieren aventuras”. Y lo dice ahora, después de pasarse cuatro años de aventurero negociando políticamente con ETA. Me molestan mucho todos los que hablan con tanta rotundidad de nosotros “los vascos” como si fuéramos un ente único y uniforme. Hablar así de los vascos es una deformación típica de nazionalistas y de Rodríguez. Me preocupa mucho comprobar cómo el presidente sigue igual que en la legislatura pasada. Se adorna con frases rotundas que nada tienen que ver con su acción política. Y me preocupa más intuir que Mariano Rajoy, desde la ponencia política, se quiere subir al carro de la debilidad ideológica. Por eso María San Gil, que sufre en primera línea de fuego las consecuencias de esas “aventuras” ha decidido que ella continúa en la realidad de la libertad, de España y de la Constitución.

Gabriel Albiac, La Razón: (contra la casta política; faltaría más)

(…)Normalizados hoy como apéndice funcionarial de la administración, los partidos no representan ya a nadie. Y sus electores saben que, hagan lo que hagan, voten lo que voten, la casta partidista hará siempre lo que le venga en gana. Y que vencerán siempre los intereses funcionariales, que son los de los hombres de aparato, sobre cualquier escrúpulo moral que pueda guardar aún algún que otro inesperado dirigente político.


El caso San Gil es la hipérbole de esa lógica perversa. Porque, en efecto, lo que hace el atractivo de esa mujer poco común -sin equivalente, en mi opinión, dentro de este páramo moral en que vivimos- es la esencial diferencia que el ciudadano percibe entre ella y el resto de sus colegas. Con algo que sólo puede llamarse estupefacción, ese ciudadano tiene la certeza de hallarse ante un político que no se comporta como un político, como un miembro de la privilegiada casta: que no «es», pues, un político, esa cosa odiada. La llamativa paradoja de un representante que habla y vive como un ciudadano, ha hecho de ella un icono social: el único sólido de estos terribles años.

Y San Gil no podía arrojar a la basura ese capital moral, que es no sólo suyo; que es una de las pocas cosas que salvan la dignidad de un país hondamente envilecido. Aceptar el juego de Rajoy, aceptar ser parte beneficiada del banquete del Estado, hubiera sido suicidarse. María San Gil ha puesto una ética distancia entre ella y la extraña cosa a la cual llamamos un «aparato de partido». Ha hecho bien. Bien, por ella. Y por nosotros

Florentino Portero (¿triste?)

Años de trabajo para convertir al Partido Popular en un instrumento de gobierno, en la formación política que representa a más de diez millones de ciudadanos, se echan por tierra en apenas unas pocas semanas por el intento de realizar un cambio de estrategia que más parece una auténtica metamorfosis. Los signos son inequívocos. Desde estas páginas comentamos el histórico discurso de Rajoy en Elche y el artículo de Lassalle en El País. Cuando escribo estas líneas me encuentro todavía bajo el efecto de las declaraciones de San Gil, tras su retirada de la ponencia política al Congreso del Partido convocado para el próximo mes de junio.

Germán Yanke en ABC ( a lacontra o algo así)

¿Qué debería hacer Rajoy en estos trepidantes cuarenta días? Por lo que la presidenta del PP en el País Vasco ha contado parece que le ha molestado que algunos de sus compañeros en la redacción de la ponencia, o el «moderador» designado por Rajoy, quisieran, por decirlo de alguna manera, dar libertad a las organizaciones regionales para establecer sus estrategias ante partidos nacionalistas concretos (lo que deseaba José Manuel Soria para preservar sus pactos con Coalición Canaria), moderar el tono de las referencias al PNV (lo que pretendía José María Lassalle) o discutirle -asunto más tenebroso por falta de explicaciones- «el concepto de nación».

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6 pensamientos en “Y ya que estamos…

  1. Ángel

    Sé que sabes que Yanke es uno de los “mediáticos” no socialista, que más hiriente está siendo con Mª San Gil. Para quienes te lean lo hago notar.

  2. anghara Autor de la entrada

    Yanke está cabreado desde que tuvo la que tuvo -en mi opinión Yanke tenía razón- con Aguirre en Telemadrid.

    Claro que aquello no justifica arremeter contra alguien como San Gil para ver si cae bien en Génova 13, sección los “blandos”.

  3. Clandestino

    El problema de fondo, es que a estas alturas, el PP no puede andar rebuscando fórmulas para definir su identidad ideológica, tras treinta años deambulando y buceando con sus miedos, complejos y ambigüedades, por este galimatías antidemocrático y corrupto, sin ponerle freno cuando pudo.

    Los hechos demuestran que el PSOE es y ha sido bastante más antidemocrático que ningún otro partido. Porque ha estado más tiempo mangoneando y por sus acciones chapuceras, corruptas, autoritarias y cortijeras en una actitud totalmente vacía de escrúpulos, de ética y de moral. Pero siempre han vendido una ideología definida y que situaron en el centro del escaparte político. Una mierda pero bien visible y bien vendida.

    Al PP no le queda más opción que situarse en los márgenes que definan claramente una buena democracia y si hace falta radicalizarse en la honorable defensa sin cuartel del rigor de la legalidad democrática.

    Ni izquierda, ni derecha, ni en medio. Democracia y lealtad a la nación, a sus demandas, a sus servicios, a sus tradiciones y a la justicia que garantice sus derechos. O sea, el auténtico liberalismo. El resto paja con basura como único nutriente.

  4. Ángel

    También pensé lo mismo; creo que Yanke fue defenestrado; pero pensaba que los odios africanos son propios de los periodistas psoesocialistas, Sopena, Carnicero como ejs., y en la derecha FJL con su gallardonitis que ya atufa de tanto que supura.

  5. anghara Autor de la entrada

    Yo creo que lo de FJL es más bien bidireccional. De todas formas, a mí es que, no estando siempre de acuerdo con él, me gusta FJL por insorbornable, independiente y tocapelotas.

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