La libertad de opinión en juego – Editorial de “El Mundo”

LA LIBERTAD DE OPINION EN JUEGO

Editorial “El Mundo”, 28 de mayo de 2008

“La iniciativa de Gallardón evoca su pasado autoritario y le aleja de posiciones tolerantes como la del ministro Corbacho, que ayer mismo declaró que «nunca sentaría» a un periodista en el banquillo y abogó por buscar el equilibrio entre el derecho a la libertad de información y el derecho al honor”

La imagen de Federico Jiménez Losantos ayer en el banquillo, demandado por injurias por Ruiz-Gallardón, es un hecho muy negativo para la libertad de expresión. Y lo es porque es requisito indispensable de una sociedad democrática el derecho a emitir juicios con absoluta independencia. El alcalde de Madrid se ha equivocado gravemente al querellarse contra el director de La Mañana de la Cope porque un dirigente político, quizás mejor que nadie, debe amparar hasta sus últimas consecuencias la libertad de expresión, aun considerándose víctima de sus posibles excesos.

Es cierto que Losantos afeó en antena el nulo interés del alcalde de Madrid por que el 11-M fuera investigado, reprochándole que le dieran «igual» las víctimas de los atentados «con tal de llegar al poder». Pero al margen de lo injustas o hirientes que a algunos les puedan resultar las palabras del periodista -que, no lo olvidemos, se producen en un medio tan específico como la radio, donde la vehemencia y la espontaneidad son características de cualquier tertulia-, estamos ante opiniones expresadas con la libertad que debe amparar nuestro ordenamiento. Y por tanto nos resulta inconcebible que estos juicios de valor pudieran acabar siendo considerados delictivos por una interpretación subjetiva de la juez responsable del caso.

Ello constituiría un intento más de constreñir la participación de los periodistas en el debate público. Y supondría un estímulo a la autocensura y un recorte de la libertad de expresión, como señaló ayer Pedro J. Ramírez, director de EL MUNDO, que acudió a declarar a favor de Losantos, subrayando que también lo hubiera hecho si otro colega se encontrara en el mismo trance por expresar una opinión sobre un asunto de interés público.

No se puede obviar que Losantos dirigió sus reproches hacia Gallardón dentro de un razonamiento de lo sucedido, tan extenso como argumentado. De hecho, el empeño del alcalde en asociar el afán por esclarecer la masacre de Madrid con «el radicalismo» suponía una clara desviación respecto a la línea seguida entonces por el PP, considerada por muchos militantes como una traición política. Así las cosas, no se pueden disociar las valoraciones, por duras que fueran, de Losantos ni de su incuestionable deseo de demandar justicia para las víctimas del 11-M ni de la intrahistoria de quien se ha definido a sí mismo como un «verso suelto» de su partido.
La iniciativa de Gallardón evoca su pasado autoritario y le aleja de posiciones tolerantes como la del ministro Corbacho, que ayer mismo declaró que «nunca sentaría» a un periodista en el banquillo y abogó por buscar el equilibrio entre el derecho a la libertad de información y el derecho al honor. Esperemos en todo caso que el fallo judicial se atenga a la doctrina de nuestro Tribunal Constitucional y a la del Tribunal de Estrasburgo, que consideran que hasta los juicios más extremos son un bien a proteger en una sociedad pluralista.

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