Archivos diarios: junio 10, 2008

A los jueces no les hace tanta gracia como a los progres y a los maricomplejines

me refiero al llamado caso del ácido bórico, por el cual se sentará en el banquillo la cúpula de la Policía Científica española. El motivo: haber, presuntamente, falsificado un informe en relación con la mayor masacre terrorista cometida en Europa.

Mucho se reían en su día Pepiño (que llegó a afirmar que en Ferraz abres un armario y hay ácido bórico), Zarzalejos, entonces director de un “ABC” que cada día vendía menos, la SER y PRISA, así como toda la progresía habida y por haber junto con la derecha domesticada.

Es más, Santano, ahora imputado, se presentó en el estudio de la alfombrilla socialista apellidada Gabilondo y afirmó sin rubor que lo volvería a hacer. Luego, viendo que la cosa podía ser seria se desmarcó con unas divertidas declaraciones muy PSOE diciendo que se enteró de todo “por la prensa”.

En cualquier país normal esto tendría consecuencias políticas. Aquí no pasa nada. Por no avergonzarse no se avergüenza ni algún blogger en el que estoy pensando y que llamaba conspiranoicos a todos los que decían que manipular informes policiales estaba muy mal.

Por cierto, creo que Santano tiene alguna relación con el SUP, el sindicato preferido de otro en el cual estoy pensando.

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UPyD cumple un añito

Pues muchas felicidades. Aunque no sea votante, me alegro de que exista.

Y a continuación os transcribo el artículo, “Más necesarios que nunca” que Rosa Díez publica hoy en “El Mundo”.

Más necesarios que nunca

ROSA DIEZ

El sábado, en pleno centro de San Sebastián, nos juntamos dos centenares largos de amigos para celebrar el primer aniversario del embrión de lo que sería Unión, Progreso y Democracia. La verdad es que el acto me recordó aquellos momentos del inicio de Basta Ya, cuando unos pocos, llenos de alegría y convicciones, decidimos que había que salir a la calle para reencontrarnos, para respirar libertad, para sentirnos mayoría.

Fue un hermoso acto. Un acto político inusual, en el que repasamos las cosas que habíamos venido haciendo, cómo las hacíamos, cómo formábamos opinión antes de cada pleno del Parlamento, cómo nos comportábamos ante las posiciones de los otros, cómo nos recibía la gente por la calle, cómo y cuánto se alegraban de vernos muchos ciudadanos que ni siquiera nos habían votado.

Me encantó compartir con mis compañeros y amigos venidos de toda España las reacciones de la gente en la calle; la alegría con la que se dirigen a mí, los ánimos que me dan, sus confidencias: «No está usted sola»; «mi mujer la votó, yo no me atreví…, le juro que la próxima la voto»; «no cambie usted, siga hablando claro»; «usted me sacó a votar, hacía años que no creía en la política»; «cómo me gusta lo que hacen…»; «¿puedo darle un beso?».

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