La calle arde, el Congreso duerme – por Victoria Prego

Reproduzco a continuación, por su interés, el artículo de Victoria Prego titulado “La calle arde, el Congreso duerme”, publicado hoy por el diario “El Mundo”:

La calle arde, el Congreso duerme

Por VICTORIA PREGO

No tiene la oposición la más mínima pegada, por más que las intervenciones de la portavoz del PP sigan siendo brillantes, contundentes y muy efectivas, a juzgar por cómo se trastabilla la vicepresidenta De la Vega cuando le toca responder. Que, por cierto, quién la ha visto, cuando se arremangaba frente a Acebes, y quién la ve ahora, cuando no sabe por dónde salirle al quite a ésa que algunos llamaban «la niña» y que sigue dando estopa en voz baja y certera.
Pero no tiene la oposición la menor pegada porque, diga lo que diga la portavoz popular desde su escaño durante esos poquísimos minutos de gloria semanal que de momento se está ganando, la realidad es que, mientras la calle arde, la calma chicha y hasta el aburrimiento se desparraman por los pasillos del Congreso.

Después de tres días de atropello a los ciudadanos por parte de los huelguistas, después de que tijeras, navajas, puñetazos y fuego nos hayan restregado por la cara la incómoda certeza de que seguimos sin contar con una ley de huelga capaz de encauzar civilizadamente este tipo de protestas, cualquier partido de oposición con un mínimo de músculo político y mediático habría organizado ayer la mundial en el Congreso.


¡Qué no habría hecho el hoy ministro Rubalcaba con un caos y varias víctimas si hubiera estado en la oposición! Qué no habrían coordinado los capitanes de su grupo parlamentario tarde tras tarde, a todas horas. Cuántas ruedas de prensa, comentarios al pasar, almuerzos reservados o declaraciones a quien quisiera escucharles no se habrían celebrado en estos días. Y no es reproche, sino puro recordatorio de que un despliegue como ése forma parte de la más estricta obligación política de un partido de oposición que está para controlar al Gobierno.


Pero no. Silencio en la tarde. Penoso silencio. El ámbito de la confrontación política y la exigencia de explicaciones empezó y acabó ayer en ese levísimo repaso que son las preguntas al Gobierno y en las que los parlamentarios intentan, sobre todo, cuajar su propia faena. Pero ése es un juego de salón que no sirve para nada si no es capaz de trascender el Hemiciclo y llegar a la calle para que el ciudadano sienta que alguien está ahí dentro hablando de lo suyo de una forma que el tal ciudadano entiende y además aprueba.
En medio del extraño sosiego que ayer tarde se sentía dentro de la campana neumática que era el Congreso mientras afuera caían rayos, el ministro de Industria, Miguel Sebastián, demostró una vez más cómo el Gobierno busca escurrirse ante las dificultades. A una pregunta del popular Arias Cañete sobre el modelo energético, el ministro reaccionó como si hubiera cogido al otro en un renuncio por haber pronunciado la palabra maldita: nuclear.

¡Te he pillado!, vino a decir el ministro. Ahora ya sabemos cuál es la posición del PP: ¡es partidario de la energía nuclear! Ya, pero ¿y el Gobierno? ¿Tiene algo que decir el Gobierno aparte del hallazgo zapateril de que no tenemos agua bastante para eso? Lo que es el ministro, no dijo ayer ni palabra. Ni la piensa decir, es evidente.

Y así, mientras la oposición se mira y se remira en un espejo roto, el Gobierno dormita. Dado que no hay crisis y que la poca que hay se va a arreglar; dado que el diálogo social va a conjurar todas las tensiones, y dado que la oposición está bajo el agua y el entretenimiento consiste en adivinar si conseguirá salir a flote o se ahogará irremisiblemente, el equipo de Zapatero sestea porque no ha encontrado aún motivos para estar alerta. Pero los motivos ya están aquí. Llegaron en camión hace tres días.

 

2 pensamientos en “La calle arde, el Congreso duerme – por Victoria Prego

  1. Clandestino

    Bueno. Esto parece que era el Pa’is de Alicia. Parece que todo el mundo olvida que este gobierno, o lo que sea, se asoci’o, se junt’o y negoci’o con todos los que agred’ian los derechos de todos y entre todos no han dejado un derecho en pie a nadie. Pero de pronto los ‘unicos que no tienen derechos son los ‘unicos que tienen el valor y la decencia de reclamarlos y de hacerlo de forma ejemplar. Es decir con firmeza y plantando cara a los chulos que se los impiden. Que es como hay que tratar a esa gentuza.

    Molesta la violencia leg’itima, mientras nos hemos tragado la terrorista y nos hemos tragado a un gobierno que nos ha sentado nuestro estado a negociar pol’iticamente y de igual a igual con los asesinos terroristas, armados, atentando y asesinando. Y nos hemos tragado que sean tratados con algodones y como gente de paz. Nos hemos tragado que esa gente que ahora manda los antidisturbios a apalear a los ‘unicos ciudadanos que demuestran honradez y dignidad de toda, arrastraran la dignidad de todos los espanoles por las bonigas de los asesinos.

    Y encima se nos llena la boca de derechos. Derechos a los que renunciamos como ratas despreciables, por incapaces de defenderlos y que por tanto no los tenemos. Nadie que no sea capaz de defender sus derechos, tiene derecho a esos derechos.

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