El País: rigor y solvencia intelectuales.

Hace escasos días, en la sección de “Kultura” (con cé no lo merece) de “El País”:

Hitler quemaba libros, pero también los leía. Que hiciera ambas cosas -además de desatar la II Guerra Mundial y ordenar el exterminio de los judíos- lo convierte en un lector muy especial. Su relación con los libros, incluso con los que no quemaba, no era amable. Hitler, incapaz de relaciones profundas y sinceras de amor o amistad -hasta las que sentía por Eva Braun y por su perra alsaciana Blondie eran afectos envenenados, y valga la palabra-, tampoco iba a tener ese cariño por los libros, que es el sello de los bibliófilos decentes.

Igual que hacía con los países, las instituciones y las personas, Hitler depredaba los libros. Ésa era su forma de leerlos: como invadir Polonia. Él mismo explicó su método de lectura abusivo y oportunista en Mein Kampf. “Leer no es un fin en sí mismo, sino un medio para un fin”. Se trataba, dijo, de rellenar un mosaico previamente dibujado con las “piedrecitas” que le proporcionaban los libros.

Sigue (y sigue igual)…

Hitler no leía… invadía. Y encima era antipático con los libros. Pero oigan, borde, borde, borde. Y así todo el artículo. Bueno, cuando Jacinto Antón (así se llama el que ha juntado letras para confeccionar la cosa esta) descubre que Hitler leía obras antisemitas (“en cambio, se pirraba por el subgénero antisemita (lo que no nos sorprende), “)… supongo que pensaría que después de ésta se había ganado un Ondas.

Tenía debilidad, quizá su único rasgo sincero como lector aparte del gusto por los relatos del explorador Sven Hedin, por las novelas del Oeste de Karl May. Pero incluso éstas las utilizaba para dar la brasa a sus generales

Está clarísimo: Alemania perdió la guerra, no por la intervención de USA, la resistencia de Gran Bretaña o la batalla rusa, sino porque Hitler le pegó el rollo a sus generales. O se los desayunó a la parrilla. A saber. Juasjuajuasjuasjuas.

El autor, que se ha sumergido físicamente en libros leídos y hasta subrayados y anotados por el propio Hitler –una experiencia inquietante: en uno encontró incluso un pelo de bigote-, explica que éste leía vorazmente, a veces un libro por noche (a Eva Braun le caían broncas cuando interrumpía, aunque fuera en déshabillé; por cierto, parece que había poca pornografía en la biblioteca de Hitler, aunque se menciona un libro sobre el teatro español “con dibujos y fotografías obscenos”).

Camarero… ¡hay un pelo en mi sopa! ¡Y está desnudo!
Juasjuasjuasjuas. ¡Qué nivelazo que tienen en “El País”!

4 pensamientos en “El País: rigor y solvencia intelectuales.

  1. Marcos

    Hombre, Anghara, hay que reconocer a la versión impresa del mundo de Lewis Carroll (El País DE LAS MARAVILLAS, donde la lógica era inversa) su labor de investigación de la vida privada de su mentor.

  2. Felisa

    “(Hitler quemaba libros, pero también los leía. Su relación con los libros, no era amable. Ciertas obras las utilizaba para dar la brasa a sus generales.)” ¿ .. ? No olvidemos que la explicación él mismo la da con sus palabras y los hechos que dichas lecturas le inspiraban: “Leer no es un fin en sí mismo, sino un medio para un fin” y sus numerosos y horrorosos crímenes. De ahí podemos sacar una conclusión personalizada: ¿Con qué fin leemos nosotros?
    Saludos, amig@s

  3. anghara Autor de la entrada

    Pues cada uno leerá por motivos distintos, supongo. Dependerá, además, del libro. Se puede leer por trabajo, por placer, por aprender, por aburrimiento…

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