Libros: El mito del hombre nuevo – D. Negro. Una reseña de L. Canal

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El mito del hombre nuevo. Dalmacio Negro. Ed. Encuentro, 2009

El mito del hombre nuevo. Dalmacio Negro. Ed. Encuentro, 2009

El presente libro de Dalmacio Negro, catedrático emérito de Ciencia Política en la Universidad CEU San Pablo y miembro numerario de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, tiene una doble virtud, y es que, a la par que irradia unas grandes dosis de erudición y agudeza visual sobre la evolución de las ideas políticas que han ido modelando en los últimos siglos el pensamiento europeo, confronta al lector con los grandes problemas de la actualidad y la compleja realidad en la que vive el hombre en los albores de la era de la bioingeniería y la revolución tecnológica.

En esta obra el autor aborda el mito del hombre nuevo, el gran mito del siglo XX, el siglo de los Estados Totalitarios, que se atisba como una fantasía plausible, a la sombra del Estado Total o Estado del Bienestar. Éste no necesita imponerse por la fuerza, sino que, en cuanto productor de valores y cultura, ha creado su propia religión secular facilitando la servidumbre voluntaria de sus ciudadanos.

Dicha situación pone en riesgo no sólo el êthos de las sociedades europeas, sino la propia existencia humana tal y como la conocemos. El orden social se forma exteriormente por el orden cultural y engloba a su vez los órdenes horizontales de la fe, la religión, la moral, el derecho, la economía y la política, siendo este último aspecto la epidermis de todo lo demás. La cultura, el modo de vida, que se configura mediante la conversión de las ideas-ocurrencia, en las que se piensa, en ideas creencia, en las que se está, condiciona la visión de la realidad y, por tanto, la acción humana.

Las nuevas bioideologías –entre las que caben destacar el ecologismo, la obsesión por la salud, la mitificación de la juventud, la llamada cultura de la muerte (técnicas eugenésicas y la eutanasia), el feminismo radical, el multiculturalismo, la corriente New Age– son el producto de una época caracterizada por la desfundamentación de la cultura. El hombre no es tan sólo un animal político, como decía Aristóteles, sino social, y, consecuentemente, su naturaleza es evolutiva, como animal cultural transmisor de conocimientos y capaz de modificarse culturalmente. Empero, está dotado de unos instintos naturales invariables y por unos patrones de conducta fijos, constantes y universales, como dedujo Hume.

La politización de la naturaleza humana –biopolítica–, como consecuencia del uso de los conceptos como armas políticas, los avances de la ciencia médica y genética y la promesa de alcanzar la perfectibilidad de la raza humana en el futuro, vislumbrándose, incluso, la posibilidad de alcanzar la inmortalidad, abren el abismo de una era post-humana. Como advertía Francis Fukuyama en su obra El fin del hombre, la famosa distopía de Huxley (Un mundo feliz) es una posibilidad real de consecuencias nocivas para la democracia liberal y para la naturaleza de la propia política.

Ese mito culturalista del hombre nuevo, según Dalmacio Negro, espiritualmente vacío y exteriormente solidario, “altruista sin deseos ni pasiones”, es fruto de la religión secular nacida al amparo del moralismo de la revolución francesa. Para entender esa derivación post-revolucionaria, Dalmacio Negro analiza los orígenes de dos de los principales artificios modernos, sin los que hubiera sido imposible el surgimiento de la religión secular: el Estado y la Sociedad.

En este orden de cosas, Tomás Hobbes, el primer liberal estatista, es quien sustituyó la vieja tradición de la razón y la naturaleza por la de la voluntad y el artificio. El contractualismo hobbesiano promete salvar al hombre, sacarlo de su estado de la naturaleza, mediante la política, colectivamente, en el futuro, y no como las religiones tradicionales mediante la salvación individual en el más allá.

Este nuevo deus ex machina, el gran Leviatán, monopoliza la libertad política a cambio del reconocimiento formal de una serie de derechos sociales y personales que concede a sus súbditos. Su carácter mecanicista propende a extender su control a todos los ámbitos de la sociedad mediante la burocratización de las relaciones sociales, la expansiva reglamentación de la vida pública e incluso la privada y la sustitución del Derecho, fruto de las costumbres y la tradición, del common-law, por la Legislación. El despojo legal del que habla Bastiat, para el que la “Ley es la Justicia”…”Salid de ahí, haced que la Ley sea religiosa, fraternitaria, igualitaria, filantrópica… y en seguida os hallaréis en lo infinito, en lo incierto, en lo desconocido, en la utopía impuesta a la fuerza”.

Rousseau.Fue Rousseau quien transformó el Estado-Leviatán en el Estado-Moral. Es el origen de la nueva religión secular, asentada en el nihilismo al romper con el pasado y engalanada con el ropaje del humanitarismo romántico, en una época dominada por la confianza en el progreso. De la Gran Revolución surgiría el Estado moderno, el Estado-Nación –en contraposición a la nación histórica–, como protagonista indiscutible de la historia europea, que adquiere sus propios fines, subordinando los del individuo a los de la sociedad.

A partir de Rousseau, la política se reduce al ejercicio del poder en la medida en que está moralizado, desplazando la vieja tradición política liberal del gobierno limitado, en la que la libertad política es esencial, llegando a legitimar en casos extremos el derecho de resistencia al poder injusto, contrario al Derecho, como postulaba Juan de Mariana.

El pensamiento ideológico, que ha ocupado el centro político de los siglos XIX y XX, es, en este sentido, un producto del estatismo que impregna una visión artificial del orden y distorsiona la concepción de la realidad, condicionado a su vez la acción humana. Como señala D. Negro, el actual consenso político socialdemócrata, que predomina en Europa y da forma a la actividad política, es heredero de las ideas de Rousseau.

Con la revolución cientificista de 1968, “la revolution introuvable” de Raymond Aron, se produjo un salto cualitativo que pretendía superar el marxismo. La lucha de clases se sustituyó por la lucha entre generaciones. Ya no se trataba de cambiar las estructuras sociales para alcanzar el paraíso terrenal, sino que se pretendía cambiar la propia naturaleza humana como presupuesto del cambio de la sociedad. Todo ello supuso un cambio cultural brutal en la generación del baby boom, que es la generación de la clase política dominante; eternos jóvenes que monopolizan el arte, la educación, los medios de comunicación y la política. El gran problema ya no es el capitalismo, en el que se sienten cómodos, sino la propia naturaleza humana, a la que se considera culpable. Las bioideologías no se parecen al marxismo, salvo en la propaganda leninista-estalinista, sino que se asemejan a los movimientos juveniles del nacionalsocialismo alemán, inspirados en el darwinismo social y la eugenesia. Se trata de crear un hombre nuevo, en el que los deseos miméticos habrán desaparecido, que transforma su naturaleza divinizándola.

En La posibilidad de una isla, Houllebecq describe un mundo en que “ser viejo estaba prohibido”. Quizás ese mundo no esté tan lejano y las nuevas bioideologías conviertan al hombre en un ser antihistórico; privado de su cultura, sus instintos, sus pasiones; externamente solidario y virtuoso, pero desarraigado de sus tradiciones y de sus lazos familiares y afectivos; aislado y desprovisto de sentido de la vida. Para comprender las claves de la actual situación política, cuyas consecuencias son impredecibles, es imprescindible la lectura de la obra aquí reseñada.

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3 pensamientos en “Libros: El mito del hombre nuevo – D. Negro. Una reseña de L. Canal

  1. Susie

    ” Quizás ese mundo no esté tan lejano y las nuevas bioideologías conviertan al hombre en un ser antihistórico; privado de su cultura, sus instintos, sus pasiones; externamente solidario y virtuoso, pero desarraigado de sus tradiciones y de sus lazos familiares y afectivos; aislado y desprovisto de sentido de la vida.”

    No está tan lejano porque ya está aquí; observo en mucha gente -joven, sobre todo- una falta de empatía que pasma, pero eso sí, presumiendo de su solidaridad, tolerancia etc. etc. que no es más que distanciamiento y vagancia de pensamiento. La ideología dominante les proporciona el refugio eficaz para su inmadurez intelectual y emocional y a ella se aferran para el bienestar de su egocentrismo.

    Y desarraigado de sus lazos familiares, desde luego, porque dentro de poco con estos experimentos sociales nadie sabrá quién es su familia.

    Privado de su cultura sí, porque están empeñados los nuevos arquitectos sociales en la “deconstrucción” cultural pero también con vía libre a sus pasiones por el relativismo moral tan aprovechable.

    Anghara, gracias, me parece un libro muy interesante y lo buscaré y leeré cn el mayor interés para conseguir el máximo aprovechamietnto.

  2. Marcos

    Este artículo me recuerda mucho a este otro:

    http://www.liberalismo.org/articulo/338/74/origenes/pensamiento/progre/

    Ambos autores parecen haberse percatado del mismo panorama. Lo peor es que el problema no está solo en la juventud, ni tiene su raíz en nosotros, sino que viene de las generaciones precedentes: la gran masa socialista está formada por gente de entre 30 y 55 años, y en el desarrollo de todo este proceso, el movimiento Hippie, aunque desapercibido, ha tenido mucho que ver. Las consignas de las manifestaciones de París en 1968 están más vigentes que nunca, lamentablemente ahora desde el PODER.

    La paradoja de todo esto esto es que esta corriente decía oponerse a “toda imposición”, que luchaba “por la libertad”, y ha terminado creando una autoridad estatal más poderosa que hace 100 años, y está acabando con libertades fundamentales, como el uso y disfrute de la propiedad privada (baste ver lo de VillaPSOE, por ejemplo)

    Me pregunto si ciertas tendencias musicales, como el rap, que tb promueven esa contracultura, como el gusto por vestir la ropa de forma muy diferente a como fué diseñada, llevando los pantalones caídos, por ejemplo, y habida cuenta de sus mensajes de falsa solidaridad (a menudo el mensaje de la canción suele ser “los malotes de barrios bajos somos mejores que los <> que estudian”, y si no, baste escuchar las letras de las canciones bailadas en el programa “fama”), o ciertos grupos de rock para nada jóvenes, como los Rolling Stones o Extremoduro, que reivindicaban la figura del Diablo como nuevo héroe -contracultura total-, y proponían el slógan contracultural de “sexo (<>, pero no amor), drogas y rock´n roll”.

  3. Susie

    Ya he encargado el libro en Criteria.

    Muchas gracias, Marcos, por tu enlace: liberalismo org. que me parece muy interesante y no lo conocía.

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